Gratitud Desbordada

Noviembre 22, 2009

Se acerca el “Thanksgiving day” en EUA (Día de Dar Gracias), mientras las últimas hojas se caen de los árboles quedando totalmente descubiertos, expuestos. Ver cada una de las ramas de cada uno de los tantos árboles con los que me topo en mi camino diario, me hace pensar por alguna razón en los ciclos que se perpetran. Quizás, como la energía, más que cerrar ciclos uno se dispone hacia nuevos viajes de vida y no es que los ciclos concluyan, sino que se transforman, como los árboles.

Esta es la primera vez que voy a vivir una Celebración del Día de Gracias con mis cinco sentidos, y presiento que va a ser un excelente preámbulo para dar comienzo al proceso de fin de año. Es lindo – aunque escalofriante – pensar lo expuesta que queda una ante la gratitud, de la misma forma que esos árboles sin hojas nos recuerdan lo frágiles que son al achicarse ya sin su follaje, y sin embargo realzan su fortaleza al aguantar las tormentas.

Puede sentirse como, al igual que los árboles, los humanos nos hacemos chiquitos con el frío, y sin embargo, como nos fortalecemos al juntarnos con nuestros seres queridos conforme va acercándose el fin de este año, y el comienzo de uno nuevo. Las personas comenzamos a planear con dedicación nuestros deseos y propósitos para el misterioso año entrante, silenciosamente preguntándonos en qué se destacará el año que viene; como si el nuevo periodo que comenzamos se tratara de una persona única, que se manifestará para  sorprendernos con nuevos matices.

Aunque el Día de Dar Gracias basa sus orígenes en datos históricos, hoy en día sirve como un día de reunión con las personas queridas, en el que la gratitud se manifiesta entre éstas. De niños nos educan a decir por favor y dar las gracias constantemente, no obstante, conforme vamos creciendo y relacionándonos con las personas es que vamos encontrando que existen tantas formas de verdaderamente agradecer, que en ocasiones la palabra viene sobrando y la gratitud llega a desbordarse. Me gusta ver que este día es como un recipiente que viene a rescatar esa gratitud desbordada para simplemente celebrar dentro de ella, como lluvia que  nos limpia y nos despierta. Nos prepara para el año que está en puerta.

Como clásica celebración, el Día de Gracias también está ligado a la comida, consistiendo de una cena en donde se preparan diversos platillos relacionados históricamente con comida que fue ofrecida por los nativos de EUA, en donde todo gira alrededor de un pavo. En este momento de mi vida, como estudiante en otro país por ya aproximadamente cuatro meses, siento como si la cena del Día de Gracias fuera otra especie de bienvenida al país. Tengo la suerte, y la gratitud de haber encontrado personas aquí por las que estar verdaderamente agradecida, y con algunos de ellos pasaré estas fiestas.

En cuanto al año nuevo… aún lo veo tan lejos. Cada día que pasa parece una nueva aventura, que por ahora sólo vivo pensando en qué traerá el nuevo día de mañana. Por lo pronto simplemente quiero expresar la gratitud que siento por cada uno de los momentos que puedo vivir. Aunque la gratitud nos exponga, como se encuentran los árboles del invierno, es necesario ese despliegue para transformar nuestros ciclos, y así, cuando llegue la primavera, ser más fuertes y poder florecer.

 


Súper Héroes

Octubre 18, 2009

Me podría disfrazar de la Mujer Invisible. También de fantasma. Para los que me conocen, piensan silenciosamente que probablemente me quedaría perfecto un disfraz de bruja escaldufa con bocinas que reprodujeran constantemente la risa malvada que me sale perfecto desde que tengo cinco años. Con esa risa, mis papás entre que se reían (probablemente de nervios) y se espantaban. Y qué puedo decir, mas que me fascinaba lo sorprendidos que se quedaban todos cuando me reía de tal forma. Me ponía tan roja, corrección, me pongo tan roja, que el disfraz le queda chico a mi cara. Definitivamente es el disfraz que escojo usar en estas épocas de otoño que necesitan de una risa fuerte para sobrepasar el día de muertos y revivir el de la Revolución Mexicana no sólo de manera intacta, sino con aire de frescura. He de decir que aunque disfrazarse de Súper Héroe suena atractivo, jamás tomaría el riesgo de ser la Mujer Invisible. Definitivamente pienso que desaparecer no tiene nada de heroico, y es por eso que realmente admiro a las personas que han participado en una revolución, en donde el poder mágico tiene que ver invariablemente con estar presente.

Hoy pienso particularmente en la Mujer Invisible porque mi estimado facebook (“Facebook” es una página de Internet que permite a las personas estar en contacto con las personas que uno decida) decidió borrarme del mapa sin ninguna explicación por hace algún tiempo ya; y al vivir fuera de México me acerca de manera práctica con personas que quiero, particularmente con mis adoradas hermanas. Somos 4, como el clásico libro de “Mujercitas”. En realidad somos tres, y a veces hay alguien ocupando el lugar de la cuarta: amigas – primas – hermanas que vamos encontrando por ahí en la vida cada una en el lugar que vive. Hasta he pensado que en nuestras mascotas hemos ido tratando de encontrar el cariño y aceptación que sólo existe  entre hermanas y mascotas, y pienso que no en balde las mascotas de mis hermanas cumplen años el mismo día que yo. Volviendo a Mujercitas he de decir que secretamente todas añorábamos ser Jo, la hermana romántica y revolucionaria que rompe con esquemas y camina más rápido que cada uno de sus sueños. La verdad es que en todas hay algunos gramos de Jo, pero también de las demás hermanas March. Cha, como llamamos a la mayor, ha tenido siempre la fuerza y la constancia que se requieren para realmente crear revoluciones. Los demás podrán caerse, pero no ella. Sin una base sólida no pueden hacerse los cambios en las estructuras que se requieren para la revolución. Cha dice que yo fui el mejor regalo que Santa Claus le pudo haber traído, amo que ella nació el día de San Nicolás, yo creo que ella fue el regalo. Me encantaría algún día disfrazarme de ella, para poder ser así de fuerte y generosa.

La mediana sí tiene un disfraz. Ella nació vestida de Revolución Francesa, el mismo día que se celebra. Desde antes de poder hablar, Cla lloraba y lloraba y nada la calmaba. Su vida ha sido una constante revolución pidiendo y otorgando igualdad, libertad y fraternidad por y para sus seres queridos y no tan queridos. Aunque todas quisiéramos ser Jo, ella sabe que ella es Jo y por eso es que le quedaría bien ese disfraz.

A ninguna nos va bien el disfraz de Mujer Invisible, y es por eso que en días como este, que facebook me invisibiliza de mis queridas Mujercitas, que decido traer aquí su presencia y darme cuenta como es que todas hemos existido alguna vez, como Súper Héroes para las otras, creando mini y macro revoluciones internas, siempre juntas.


Sobre las vías del tren

Septiembre 21, 2009

Cuando menos me lo espero pasa el tren. En su caminar anuncia el correr del tiempo con su inconfundible timbre. Si cierro los ojos y dejo que el acuoso viento me envuelva podría jurar que estoy inmersa en una de esas películas de antaño en donde los protagonistas se despiden en la puerta del tren, jurándose el uno al otro amor verdadero, derramando lágrimas perfectas que sólo resaltan su belleza. La verdad es que en los trenes, así como en los aviones, hay siempre una fascinación que nos recuerda el movimiento, la vida y el cambio.

Recientemente me mudé al extranjero para hacer mi posgrado en psicología clínica y cabe mencionar que vivo al lado de una estación de tren que cada cierto tiempo anuncia su llegada. Al principio debo admitir que el ruido me molestaba un poco, sintiéndolo como una especie de alarma que me apura al pasar de las horas. Sin embargo, aprendí a apreciarlo y ahora su timbre me recuerda en cierta manera los ciclos de vida y como es que hasta en el cambio, existe la constancia. Es probable que me encuentre susceptible al cambio, ya que del mismo modo es como lo empiezo a apreciar estos últimos días que me voy despidiendo del verano que se lleva su calor dejándome un sabor de nostalgia y melancolía, anunciando la llegada del otoño con esos tonos rojos desparramándose por todos lados. De algún modo la despedida del verano y el comienzo del otoño me hacen pensar que terminó el tiempo de jugar, a lo que invariablemente me recuerda el verano. Los niños ya muy en rutina con la escuela, los adultos vestidos de colores más obscuros, el sol metiéndose más temprano y una que llega cansada sin querer hacer nada mas que envolverse con la cobijita con la que mi abuelita le enseñó a mi mamá a tejer.

Es así como puedo ver que por más que esté viviendo un cambio los trenes, las cobijas, los adioses y las abuelitas son, además de imágenes, sentimientos que se arraigan a la estructura de las personas, invariablemente de los cambios culturales, las cuestiones del tiempo y las prisas a las que uno como ser humano se enfrenta día a día.

Por eso me gusta vivir al lado del tren, para acordarme de cómo todo es pasajero y aún así, como perdura lo verdaderamente valioso en nuestra vida, que en mi caso repetidamente se relaciona con personas, arte y naturaleza. Hablando de arte, desde esta nueva perspectiva de vida puedo decir honestamente cómo he llegado a apreciar profundamente la creatividad del mexicano en todos los aspectos de la vida. No cabe duda de que es una herramienta poderosa que debemos recordar usar. Definitivamente extraño los hermosos mercados llenos de flores de colores y mujeres amables que te invitan a pasar. Indudablemente hay algo en nuestra cultura que es muy maternal y es por lo que en las frías tardes debo recurrir a mi cobijita tejida para acurrucarme.

Acabo de escuchar como parte. El viento comienza a anunciar un verdadero otoño cantando con el silbar del ferrocarril. La naturaleza me muestra su presencia y me hace sentir tan chiquita que prácticamente puedo percibir los pensamientos de las personas que salen del tren. Todos chiquitos y todos tan grandes. Todos personas. Es ahí cuando me olvido de que esos pasos son de gente foránea, o más bien de que yo soy la extranjera, y que todos vamos creciendo por el paso de la historia que vamos armando sobre cobijas, sobre las hojas, sobre las vías del tren.


Lady Di – Huitlacoche

Agosto 9, 2009

- El cerdo de la cochinita va a estar para chuparse los dedos – me comentó mi nueva amiga Lupita al otro lado del conmutador – ha estado por siete meses en mi congelador esperando este momento, claro junto al huitlacoche, que en su calidad de hongo ha de estar mejor que nunca. Jamás en mi vida pensé que una frase con ese toque de surrealismo me hiciera tanto sentido; principalmente porque lo cochino es por lo general poco relacionado con lo delicioso, así como la calidad de hongo con los festejos.

Pensar en un cerdo paralizado esperando en el congelador de la Lupe para que todos los mexicanos lo disfrutemos “al pibil” como cena para la celebración de nuestra Independencia, se me hace un acto casi heroico. Es como si el cerdo de algún modo hubiera comprendido mucho más que todos la importancia de darse a nuestra patria, sacrificando así su linda vida a un montón de mexicanos hambrientos en Sheffield, una ciudad minera de Inglaterra, la cual hoy en día es más conocida como locación para la película “The Full Monty” en donde cinco hombres comunes, particularmente en su aspecto, buscan bailar ante mujeres para ganarse la vida ante el desempleo, adquiriendo un gran sentido de orgullo y  amistades de por vida.

Puedo imaginar que la cochinita que nos disponíamos a comer esa noche para celebrar “El Grito” tuvo algún sentimiento parecido al de estos hombres; e insisto que su destino de ser servida como cochinita pibil en tamal para una cena del día de la Independencia de México en un país que no fuera México, brindó heroísmo al carnoso animal. Y es que, bastaba con entrar a este salón de clases disfrazado de charro abanderado en preciosos blancos, verdes y rojos para saber que todos en aquella sala añorábamos más que nunca compartir la Independencia de México dentro del país con nuestros seres queridos. Como una pequeña muestra de investigación en una fiesta dentro de una de las Universidades con más prestigio en este rubro, en la fiesta no pudieron faltar ni las familias numerosas, ni la pista de baile con toda clase de ritmos mexicanos. Por supuesto que estuvieron presentes los “Mariachis”, quienes en esta ocasión fueron tres muchachos cantando de forma desafinada las ya conocidas melodías, sólo que esta vez fue con guitarra eléctrica, bajo y batería; eso sí con zarape y sombrero. Los tamales de la Lupita estuvieron estupendos, aunque hay que reconocer que al día siguiente se extrañaron los clásicos remedios estomacales después de semejantes comilonas. Pareciera que aquella noche todos fuimos mucho más mexicanos que de costumbre, sintiéndonos verdaderamente unidos ante una Independencia personal y una Dependencia por nuestra querida patria. Como los muchachos de “The Full Monty”, resultó que aquella experiencia nos unió como si con el rojo hubiéramos hecho un pacto de sangre, con el verde sembrado vida y con el blanco celebrado la paz.


Búho

Julio 11, 2009

Como búho he merodeado circulando a la nada desde que tengo uso de razón. Es probable que desde antes. Con las yemas de mis dedos acaricio cada uno de mis pensamientos, que en realidad no son nada y así sigo viajando en el tiempo, hacia la nada y hacia el todo, hacia el infinito con el que soñaba viajar, vestida de plateado, como buena astronauta que me soñé algún día. A mi madre le fascina contar la historia de cómo desistí a ese sueño porque “Coquita P.”, aficionada a las Barbies desde temprana edad, me dijo que no iba a poder usar vestidos si me volvía astronauta mientras jugábamos a las Barbies y como éstas tenían novios, esposos y amantes. Sí al mismo tiempo. Y sí, a los cinco años.

No sé realmente cuál es el punto de evadir la sexualidad que brota tan naturalmente en los niños de esa edad. Probablemente más que pena de los padres es simplemente envidia de correr encuerados tal cual Adán y Eva sin hojita por el jardín, sin miedo a ser vistos sino más bien, rogando por ser vistos. Volviendo a los astronautas lo curioso es que no dejé ese sueño cuando Coquita me dijo eso, ni nada. Es cierto que al poco tiempo comencé a decir que quería ser “escritora, pintora, y maestra”. Depende la situación decía una u otra cosa (no sólo aprendí a ser buen público desde temprana edad sino también actriz). Dejé de decir que quería ser astronauta porque no recuerdo quien me dijo que sería algo muy difícil y que no había mujeres astronautas. Pero en el fondo quería seguir siendo astronauta, así como ahorita me sigo muriendo de ganas de correr encuerada por el jardín como niña de cuatro años, pero no lo hago.

Cuando tenía como ocho años quería ir al “Camp de astronautas”; pero no fui. Insisto que quien temía que no usara nunca más vestidos fueron mis padres más que Coquita P. Quizás ahí podría haber descubierto que efectivamente era más interesante meterte a experimentar con la gravedad física que con la gravedad emocional que descubres al volverte una insoportable Barbie adolescente (con acné) y sufrir inconsolablemente (como jugábamos Coquita y yo) por los novios o esposos o amantes. Nadie nunca te decía (ni Coquita) que en esa gravedad tampoco podrías usar vestidos y caminar como si nada por la calle. Y es entonces cuando necesitabas desesperadamente salir de esa gravedad y ponerte a leer a Kundera y su insoportable levedad del ser; mostrándote que realmente nos haríamos un favor recurriendo a lo exacto de medir la gravedad física. Es esa gravedad – levedad la que me deja los ojos abiertos como búho en noches así, mirando hacía un horizonte negro que dibuja la nada o la eternidad – como el espacio – preguntándome si el rumbo hacia el cual me dirijo me permitirá llenar de vestidos de colores mi alma, mientras sigo experimentando con la gravedad.


Protegido: Alas de transferencia

Julio 2, 2009

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Oh god!

Junio 24, 2009

“Ou god ou god” me dice mi mente (no oh sino ou) y se sigue. Comienza a hablarme de “tú”, con particular confianza y autoridad, como cuando tengo que tomar decisiones fuertes y sabe que si no se aguza y se pone abusada mis emociones le van a ganar y me lo van a cobrar con una miserable gastritis. Me sigue hablando la mente y me dice con tono españolete “que si no te pones buza te van a joder”. Lo del tono españolete no es porque viva rodeada de españoles ni nada sino porque ayer fui a ver a Joaquín Cortés, quien lejos de un sex simbol como es comúnmente reconocido me recordó a Alvin de “Alvin y las Ardillas” con una combinación de mi vecinito español (mi amiguito de 7 años) haciendo show o berrinche (aún no estoy segura). El show estuvo bueno, probablemente simplemente me proyecté ya que moría de ganas de ponerme a zapatear con todas mis fuerzas.

Pareciera que el mover las cosas físicamente hace que de igual manera se muevan todas tus emociones de manera express, y la vida te va dando avisos no más queditos que sirena de ambulancia en una noche muy pero muy callada, donde es inevitable activar las antenas de peligro, por mas que no lo quieras. Ese timbre que siento se relaciona totalmente con la falta de límites y constancia a la que me he visto expuesta toda mi vida, lo que me hace ser una persona muy desesperada que necesita saber si sí o si no; y que si el tiempo de espera es “tiempo de espera” necesita saberlo con todas sus palabras.

Esto lo empecé a escribir ayer y tenía otro propósito pero el sentimiento es el mismo. Gracias a Dios y a Freud, existe la terapia y sé que esta vez estoy en el camino correcto para cumplir algunos de mis sueños. Esto lo escribo mientras en la tele veo un reality disque de Cirque du Soleil pero creo que se equivocó la programación. Igual que con mi vida que no soy un clown ni una directora ni una bailarina ni una cantante en el circo (por más que eso haya dicho mi programación durante algún tiempo) sí estoy dispuesta a hacer lo necesario esta vez para que mis sueños ahora sí se cumplan, porque no, ya nunca me voy a sentir igual de sola. Así que a trabajar!


Cada quien sus dichas

Junio 8, 2009

Una de las cosas que más puedo detestar en la vida es cuando alguien te dice que algo no se puede (y claro que se pudiera si se hiciera un diminuto esfuerzo). Y lo disfruta. Le brillan los ojos. Saliva de más. Les salen chapitas. Hacen una mueca extraña simulando una sonrisita, tratando de poner ojitos de lástima para mal-disimular su pequeña y patética dicha del día.

Les encanta sentir el poder.

Y tú en vez de dar el avión te retuerces, te sudan las manos, te arde la panza pero te contienes; ya no gritas porque simplemente ya no te nace aunque se te antoja: es una delicia poder gritar de vez en cuando pero has aprendido después de muchos (parecen miles) de años y situaciones así que si gritas entonces su poder triunfa ante todos y tienen en sus manos la mayor de las dichas que es el poder llamarte loca. Hoy me vi parada en esa diminuta franja. Lo que sucedió es que necesitaba una traducción nefasta de las que hacen en la universidad, y el tipín este – no, no, imposible tenerlo antes de una semana – a lo que le respondí lo más cuidadosa que pude, sin tratar de ofender y sacar mis ojos que devoran que si quería yo lo traducía, que me tardaba a lo mucho quince minutos tomando en cuenta que eran sólo como ocho materias, y ya ellos me lo firmaban. El tipín se enojó pensando que era un sarcasmo por lo que me empezó a tratar como blondie – ¿¡cómo se te ocurre!? – me pregunta histerizado (juré que le iba a dar un paro cardíaco) – es una gran ofensa para el traductor -. Murmuré que yo traducía pero ni me escuchó. Comenzó a moverse súper agitado e incómodo; sudaba. Lo saqué totalmente de su zona de poder por lo que me dio una hojita y me dijo – Paga y regresa – como diciendo que definitivamente ya no pensaba discutir conmigo y recordándose a si mismo como “hay que tratar a todas las güeras de este mundo como blondies“. Ante mis ojitos del gato con botas de Shrek, se compadeció un poco de mí y me dijo que no me quedaba más que rezar…

Como buena institución jesuita en un país católico en donde no tener culpa de la culpa te convierte en un ser endemoniado, este señorcito me hizo sentir como una verdadera vergüenza para la humanidad, lo cual lo hizo no disfrutar del poder que tuvo sobre mí. No sabía que esta podía ser otra manera de conseguir las cosas ya que dos días después recibí una llamada de dicha persona, – ocurrió un milagro (quizás pensó que su poder de redención probablemente funcionó sobre mi), tus papeles están listos, puedes pasar por ellos. Probablemente este señor pensó que liberó a un alma perdida… Y fue así como sí se pudo.



Máscaras que caen con carcajadas

Mayo 24, 2009

- Me molesta que traten de llamarme la atención de esa manera-, le dijo una “agente” en el aeropuerto a un pobre hombre que se desmayaba al entrar a nuestro país. Al señor se le volteaban los ojos y se caía al suelo sin voluntad propia dejando todo su peso desparramarse sin pedir más. El señor quería aire y la señorita se enojaba. Se sentía tan autoritaria. Igualita a la foto del periódico con los policías sintiéndose tan poderosos de encuerar presos. Sí, esa fue la primera foto que me tocó ver al subirme al avión y abrir un periódico mexicano. En ese instante supe que debería de haber retrocedido y de que, a no ser por mi Guero y Maruru, debí haberme quedado a vivir en casa de Lida. Eso se reforzó al oír a la señorita autoritaria y se confirmó al sentir que a mi se me volteaban los ojos con el pseudo-pasón que sentí hoy con el temblor. Además, como me mimeticé con la tierra igual que me mimetizo con todo, me quedaron temblando las manos por un buen rato.

Voliá! Esa fue mi bienvenida a México después de un viaje de sueño, para el cual aún deben aterrizar mis ideas para escribir de ello, pues aunque yo ya aterricé, mis ideas siguen volando y formándose por ahí. Si las relaciones humanas son como el más difícil de los acertijos, las relaciones entre mujeres son simplemente etéreas. Como bien decía la abuelita iraní de mi querida Lida: “Mete a una mujer a una botella, si ella se quiere mover va a encontrar la manera”, dicho en francés se escucha tres veces más hermoso, y verdadero.

Así que nos fuimos a Paris las “cinco viejas” a reírnos un poco de nosotras mismas, a descubrir que el cemento de las máscaras se va volviendo más duro con los años; y tratar de romperlo con las carcajadas que generaban las máscaras de papel de duquesas que a cambio mostramos por toda la ciudad. Estoy segura de que para cada quien el viaje fue una experiencia diferente, que sin embargo logramos compartir. Por ejemplo, para mi madre fue una ópera sorda que le permitió poner su propia música a lo que no se cansó de mirar y mirar: sus hijas. Estoy segura de que también se cuestionó sus grandes diferencias y se vio a si misma a través de nosotras. Luego está Clau, para quien el viaje fue un lienzo enorme y blanco que le dio la oportunidad de pensar en otra forma de vivir con mayor libertad. Tuvo la oportunidad de volver a pintar el pasado o de pintar lo habitual…Clau se divirtió, pero regresó con el lienzo aún en blanco, sin saber si será mejor guardarlo en el armario o armar una revolución estilo revolución francesa (mismo día en que nació) exigiendo pues, lo mismo que Francia: libertad, igualdad, fraternidad… Cha lo disfrutó como lo hizo al resolver su rompecabezas de 5000 piezas hace más de 15 años. Estoy segura de que cuando me muera y tenga el “super slideshow” que prometen Dios te presenta antes de morir voy a ver a Alice con su máscara de duquesa cenando en el Fouquet’s, mofándose de todos, incluyendo por supuesto, a nosotras mismas. Y luego llegó Ga, quien nos completó el viaje increíblemente. Para ella fue un libro de colores que le permitió tener hermanas de su propia edad por unos días. Estoy segura de que experimentó colores que jamás había vivenciado antes, y que esto la llevará a nuevos diseños. También probablemente fue un agradecimiento silencioso de su propia historia y familia. Para mi: no estoy segura. Fue un psicoanálisis express combinado con resolución de hipótesis de vida. Fue un viaje a mis orígenes y una buena dosis de honestidad. Desde los 19 años, Paris me ha brindado honestidad. Creo que todas regresamos con más arrugas por tanto reír y porque la máscara definitivamente creó grietas que terminaron por profundizarse en el temblor del viernes.

Ah! De regreso de casa de Lida, pensando en cuánto amo Paris y cómo quisiera vivir ahí algún día me encuentro misteriosamente en la calle un llavero dorado de la torre Eiffel. Además de darme las llaves de su ciudad, Paris me dio la clave de lo que pudieran ser cachitos de felicidad.


Letras y Lola

Mayo 4, 2009

¿Qué puedo decir? Mas que que divagar se ha vuelto mi actividad favorita estos últimos días de encierro. Estoy cansada, me duele la cabeza y me es difícil quedarme quieta. Odio las promesas porque nunca las disfruto y te atan irremediablemente a la impaciencia y a una ansiedad angustiosa a la que poco le haría el Ativan, el Tafil o cualquier otra de esas… quería escribir “madres” pero realmente ese sería un buen efecto calmante: estar en un jacuzzi hirviendo en posición fetal teniendo una maravillosa plática “estrogenosa”, simulando pues, a una verdadera madre con reminiscencias de placenta viva. 

Al hablar de odiar las promesas, me estoy refiriendo a esperar la eterna llamada de Mr. Publisher, quien probablemente haya dudado en hablar por la forma en que me expreso de los políticos, siendo que jamás en su publicación me expresaría así. Si algo tengo es contexto y diversidad, como cualquier pasional del teatro (no estoy segura de Lolita Cortez, quien al parecer piensan que es tan diversa, que es irremediablemente monótono verla anunciada en cualquier nuevo musical interpretando niños, ancianas, y cualquier papel que se le otorgue, quitándole así cualquier oportunidad a niños reales, ancianos reales, etc. en el teatro). Por eso me gusta escribir: ahí está mi respuesta y por eso no me habla Mr. Publisher: Evidentemente no soy la Lolita Cortez de las letras, ¿para qué arriesgarse? 

Estos días, viendo la vida desde mi ventana y recorriendo el mundo a través de GoogleEarth, me he dado particularmente cuenta de lo difícil que es que las personas tomen cualquier riesgo, el que sea. Creo que tendré que seguir esperando la llamada de Mr. Publisher y de Mrs. Real Estate (sí, porque ahí ves la flojera que les da ganar una buena comisión – ¿cuál crisis perdón?) eternamente… a menos que me cambie de pseudónimo y le haga creer a la gente que me he convertido en Lolita Cortez tafileada a lo cual me niego.

Por lo pronto mejor me voy a ir a dar un buen baño caliente que me deje medio atontada mientras practico un monólogo imaginario lleno de estrógeno, que bien podría hacer Lolita, a lo mejor así me imagino que vuelvo a un vientre tibio y todo se calma.